lunes, julio 07, 2008

La maña

Hace algunos meses, me vi simplemente empujada a retomar este blog. Nunca supe bien porqué, pero me pareció bien porque estuvo lleno de pasión y la pasión siempre (o casi siempre) es agradable de vivir.

Pero hace algunas semanas me bajó otra vez la maña, por lo que debo dejarlo. Una lata, porque a mí me encanta, pero... no puedo dar algo que no tengo, y como no tengo nada que decir por estos días aquí, y como tampoco sé hasta cuándo...

Iba a simplemente cerrarlo, pero luego pensé que era absurdo dejar tapados los post pasados... así que aquí se queda.

¡Un saludote! y hasta la vista.


jueves, julio 03, 2008

El proceso

La verdad es que siempre he tenido muy buena memoria. Las cosas que he visto y los lugares por los que he pasado han quedado impresos en mí con una claridad que me impresiona, como si tuviera un secretario mental anotando todo a mi lado. Aún más claras que las vivencias mismas, ha sido lo que ellas han ido significando para mí. No sé porqué. Supongo que realmente he estado escuchando a las cosas, que he tenido la intención de estar realmente aquí. Yo creo que es eso. Siempre he sospechado que quienes no recuerdan cosas, es porque no quieren realmente recordarlas.

Esto tiene su lado divertido, porque es como si llevara un catálogo Blockbuster entero sobre mí, un catálogo que además es interactivo porque va constantemente creciendo en complejidad e interpretación. Entonces, no me aburro nunca. En medio de las experiencias que me han ido marcando, no le he hecho el quite al lado doloroso: es parte del proceso. Nunca he sido de quienes le tienen miedo a la vida: pasará por mí la mire o no la mire, por lo que me conviene disfrutarla, con todo lo que me traiga. Bienvenida, vida, trato de decirle, aunque a veces se divierte haciendo que me salga el tiro por la culata... Peor me trata cuando no quiero mirarla, porque entonces me repite los mismos obstáculos una y otra vez.

Como todo esto va en permanente evolución, los significados se van reinterpretando a lo largo del camino, y a veces recuerdo muchos años después algo que en un momento lo entendí de modo completamente distinto. El ejemplo más clásico para mí fueron las innumerables veces en que, cuando chica, alguien me decía "más grande lo entenderás", y ahora opino - al menos por ahora - que muchas veces ese argumento era una simple excusa para disfrazar algo, como una flojera de realmente explicarlo, o bien una especie de inmunidad ilusoria... como si el mundo estuviera descifrado para ellos, cuando no lo está para nadie ni debería estarlo: porque el mundo no se ha acabado todavía, y actuar como si fuese así viene a ser incluso una irresponsabilidad, ya que inevitablemente tendrá consecuencias.

Yo recuerdo muchas cosas, y muchas van más allá de esos primeros desencuentros infantiles. En especial recuerdo las muchas ocasiones en donde hice o dije algo que hoy no repetiría: situaciones en las que hoy actuaría totalmente distinto, porque ahora resulta que soy mejor que antes y que sé más. En tales situaciones, a veces conscientemente me fui en mala, pero en otras no me di cuenta o incluso me pareció chistoso, actuar como lo hice, lo que hoy, cuando no soy capaz de mirarme con amor, me atormenta en demasía.

Sin embargo, trato de pensar que, gran parte de lo bueno que hoy hay en mí, fue gracias a lo negativo que demostré antes y que luego me hizo cambiar, como supiera o como pudiera. Más fácil que saber quién soy, me resultó saber quién no era, mediante vivir esas experiencias y luego trabajar desde allí (o como dicen los místicos, experimentar quién uno no es, para saber quién sí). Esto a veces ha sido sabiduría, pero a veces también ha sido miedo o algo medio obligatorio, y así es cómo hoy en día podría decir que, aunque muchas veces saco lo mejor de mí por mero sentido cívico y buena onda y hasta cierto placer, otras es cierto que lo hago sólo para luego poder vivir conmigo misma.

Es que ya sé que, si hiero a alguien, o no actúo a la altura de las circunstancias a propósito, yo también saldré herida. Sé que, aunque en el momento se pueda sentir bien, luego el recuerdo me perseguirá (además de las consecuencias), y eso no sólo es desagradable sino que también absurdo, cuando tengo (y todos tenemos) herramientas para hacerla mejor... Herramientas que no siempre me fue fácil conseguir, pero que tuve que encontrar cuando aprendí a conectarme con los otros (y conmigo misma), y a ser una persona empática, ¡cuando decidí estar realmente en el mundo! años atrás, ya.

En general, uno sabe exactamente qué hacer en cada situación, si se conecta (la que viene a ser la herramienta principal), y cuando uno se conecta está tan claro lo que hay que hacer, que hasta los desafíos dejan de ser amenazantes. Uno simplemente se tira, porque si toca hacerlo, es la única opción válida. Hay cierta libertad, cierta incluso fanfarronería en ello, pero una fanfarronería brillante y con base. Uno es responsable de lo que ve y de lo que sabe, y está protegido, y compelido a actuar en pos de eso. Más que el decir o especular, se es y se hace, y es que cuando se mira a la vida, conectado, todo es claro como el agua y es muy agradable... pero como estar conectado significa también encontrarse con todo, incluyendo el dolor de los propios desastres que uno a veces deja.. es necesario evitar tales desastres y convertirse en una mejor persona. El aumento de la sensibilidad otorga poder, en su lado positivo, pero en su lado negativo puede desenergetizar completamente. Es un arma de doble filo, como se ve.

La verdad es que yo disfruto todo este proceso, aunque a veces es dificultoso. Es que me gusta tener cierta consciencia de las cosas, y tener buena memoria, pero lo malo de eso son, repito, aquellos recuerdos que a veces son medio majaderos, y que no la dejan a una en paz. Puedo haber hecho algo horrible años atrás y aún censurarme por ello. Me cuesta perdonarme a mí misma. Me cuesta soltar los asuntos. Una cosa es recordar, es cierto, y tener conciencia, pero otra es recordar culpándose.

Yo nunca he creído que sea necesario olvidar para perdonar (aunque sí que es importante no hacerlo culpándose). Pienso que es necesario perdonar, simplemente, y no tachar de un plumazo la experiencia entera, porque se pierde también la riqueza entregada, que a veces costó más dolor y más trabajo del que queremos saber: la perla de la ostra. Olvidar, puede impedir realmente aprender algo de eso (o tomar tal perla)... pero igual a veces recuerdo esas cosas que simplemente me torturan, sin importar con cuánto amor y comprensión quiera mirarlas, y entonces preferiría nunca haber estado allí. Entonces es cuando entiendo a quienes también se evaden de sí mismos: porque requiere mucho coraje, hacerse cargo (aunque somos más que capaces de ese coraje). Siempre he pensado que es mucho más fácil morir por algo, que vivir por algo. Lo difícil es quedarse.

En fin, hoy pienso que todo este (a veces) incómodo auge de conciencia me ha hecho ser una mejor persona: porque me ha incitado a buscar toda esa tolerancia, para poder vivir. Aunque tal vez empecé por mí, he llegado así a los demás, y viceversa... Muchas veces he sido buena y amable y respetuosa con los demás, como un modo de aliviarme a mí, y de amarme a mí. He aprendido a perdonar a los demás , como un modo de también perdonarme a mí, y de valorarlos, para valorarme a mí, y así ha sido cómo, aprendiendo a dibujar caminos para mí misma, he aprendido a hacerlo también para los demás, y a entender a los demás, y al final a hacerlo por todos juntos, como tal vez sea el único modo real...

Así que pienso que, por todo esto y más, pese al dolor implicado estuvo bien que eligiera saber, y no dejar escurrir el conocimiento: No olvidar las cosas, sino que intentar entenderlas y hacerme más fuerte, y ayudar a hacer más fuerte también al resto. Además, también tengo manos que devolver: en este mundo interconectado, he seguido recibiendo cuidados aún cuando en algunas etapas parezco haber salido de alguna escena de El Exorcista (bueno, tal vez exagero, pero sí tengo mis días)... aunque, considerando que los otros son también parte de mí, y yo de ellos, no hay real mano que devolver sino que tan sólo continuar el proceso. Con alegría.

Aunque, visto de cierta perspectiva, convertirme en alguien más sensible y más respetuoso haya sido un acto de egoísmo antes que de generosidad, porque esto empezó por mi felicidad: yo creo que está bien. Como al final estamos todos conectados, y lo que hago por mí, lo hago por otro y viceversa, dado que estoy dentro de mí, la primera persona a quien debo honrar y con quien debo trabajar... soy yo misma. Además, es conmigo con quién me es más fácil trabajar, y el mismo Mahatma Gandhi dijo algo parecido: "Sé el cambio que quieres hacer en el mundo".

Y es que, conectado, uno ve que es lo mismo hacerlo por sí mismo que por alguien más, y que la felicidad de uno está donde está la de los demás, así que es muy bueno que se elija ser feliz. De hecho, podría decirse que hasta es un deber, antes que un derecho... decidirse a ser feliz, y pleno, con todo lo que esto significa: decidirse a ocupar el propio y radiante lugar en el mundo... a vivir la propia pasión y el sueño más alto, que ha de estar diseñado de modo perfecto... ¡que está llamado a hacerse realidad! ¡Es un deber! Porque vivir en disonancia no es vivir realmente. Porque quitarle a alguien la posibilidad de ser él mismo, es algo que jamás le haríamos a alguien a quien queremos, si sabemos cómo quererlo... ¿Entonces porqué hacérsenoslo a nosotros mismos? Ningún tipo de amor pediría eso, y basta conectarse para recordarlo (si no, a veces puede ser confuso).

Por eso yo he decidido amarme todo, todo, todo lo que humanamente pueda... así me capacito, también, para amar a los demás. Así, de hecho, estoy ya amando a los demás. Así convierto, en todo lo que toco, en mi hogar y no paso carencias en ninguna parte. Porque cuando uno está bien, uno lleva a la fiesta consigo.

viernes, junio 20, 2008

No tiene precio

El año nuevo del 2007 lo pasamos con un grupo de amigos en Playa la Zorra, al norte. En orden de motivar el ánimo estival, yo estaba vestida para la ocasión desde el mismo día en que partimos hacia allá. Fue fácil hacerlo: bastó con ponerme unos cachos de diablo que tenía guardados de un matrimonio. Con ellos me convertí en un orgulloso demonio de la felicidad: ese toque lo decía todo.

Adornada ya así, pasamos a buscar a una amiga. Yo me bajé, inocentemente, a buscarla y cuando lo hice me encontré con su excepcionalmente sobria y elegante madre. Ella me saludó dulcemente, intentando esconder una expresión escandalizada, que al principio no entendí, porque había olvidado que andaba vestida de la perdición... hasta que, luego de un rato, ella no se aguantó más y tuvo que exclamar, con doloroso y verdadero horror: "Pero María Paz, ¡por qué! ¡por qué tienes que andar con esos cachos!".

Yo le expliqué mis estivales razones, pero no encontré recepción. Su cara era una obra de arte en pleno derrumbe. Debo confesar que fue medio maravilloso verla caer. Luego forcejeamos con el tema, ella intentando convencerme, y yo intentando zafarme (y rezando para que mi amiga se apurara), y entremedio me reí y al final ella también se rió. Y aunque con tal madre nos queremos mucho, creo que sobrepasé todas las expectativas de nuestro afecto cuando - a medias, pero igual - logró sobreponerse a sus ordenados parámetros y al fin me dejó ir.

Luego lo recordamos, a carcajadas, durante gran parte del camino (y todavía a veces). La fórmula fue:

Bencina hasta la casa mi amiga: $1000.
Accesorio de cachos: $1000 (aunque me salieron gratis).
Paseo de año nuevo motivador del ánimo estival: $nomeacuerdo.
Otras cosas que se nos ocurrieran (que cambiaron según nuestros ánimos y gustos): $variable.
Expresión de los ojos de la mamá de mi amiga al ver mis cachos: ¡NO TIENE PRECIO!

¡Qué excelente inicio de las festividades de ese año nuevo!

sábado, junio 14, 2008

Los estragos de la ignorancia

Una vez, cuando chica, leí en alguna parte que la inclinación del eje terrestre era una consecuencia de la maldad del hombre, que había terminado por desbalancear todo el planeta, y que nos hacía tener los días contados de forma inevitable.

Entonces, me sentí paralizada de terror y además impotente. No tuve adónde escapar en mi mente. Lloré días enteros y luego usé toda la fuerza de mi represión para sepultarlo en algún lugar de mi cabeza, al que por supuesto evité volver. Es que si era cierto, además de horroroso era inevitable, y entonces me convenía no sufrirlo con anticipación.

Varios años después, en un ramo que tomé de Ecología, supe que tal inclinación, ¡es justamente la que permite la vida! Ya que, de no existir, al rotar el planeta completamente de frente al sol y sin oportunidad de ir repartiéndose el calor, el lado adónde éste pega directamente, ¡estaría completamente desértico! Los mismos trópicos (de Cáncer y de Capricornio) ya están copados de desierto por un sol que, gracias a la inclinación del eje, sólo les llega directamente la mitad del año. Dicho sea de paso, esto mismo explica porqué el Ecuador tiene tanta selva: es ahí adonde el sol está llega en su proporción más protegida y ordenada (y a los polos adonde menos llega). Esta maravillosa "descompensación" es, en definitiva, la causante de que existan las estaciones, el equilibrio y la vida como la conocemos, a final de cuentas.

Así fue cómo, en esta clase de Ecología, no sólo aprendí de cómo la inclinación del eje salva de una caliente destrucción (acompañada de un frío, igual de destructor, en las otras áreas), sino que de cómo la ignorancia me había hecho sufrir por algo que ¡era tan deseable como perfecto! y de lo de que, de paso, no éramos culpables, sino que más bien benditos. Aprendí a la vez cómo esta ignorancia ¡sí que era algo de lo que ocuparse! Mucho más que la inclinación del eje terrestre, o que el obligarse a reprimir información equivocada con respecto a éste, para sufrir menos, ¡sobre algo que nunca fue verdad!

Realmente la ignorancia puede causar estragos. De haberme desesperado, teniendo el poder, y la edad suficientes, podría haber hecho cualquier cosa para "vivir esos últimos años" en felicidad evasiva y ultra carreteada, o qué sé yo. No en vano el viejo Honoré de Balzac dijo que la ignorancia es la madre de todos los crímenes. Porque ese sí que es un tema serio, y a mi parecer la verdadera raíz de los problemas: lo negativo que vemos afuera manifestarse no son más que síntomas de esa ignorancia, y del miedo con el que suele arrastrarnos.

De todas formas, no todo es como uno se imagina. He aquí cómo es realmente la Tierra en cuanto a gravedad. Y aún estamos vivitos y coleando sobre ella.


Y ésta es una foto de la Tierra en su color real.


Y, por último, ya que estamos en esto, una foto de ella de noche.


¡¡Qué linda es!!

miércoles, junio 04, 2008

FAN DE LAS MATEMÁTICAS

A mí me encantan las matemáticas. Me parecen tan claras y tan entretenidas, si se las aplica en la vida diaria... Todo puede predecirse y entenderse y eso siempre me ha dado, no sólo cierta noción de control, sino que también de diversión.

Desde muy chica, aprendí a usarlas con destreza, como un cuchillo. Aprendí a amarlas como un modo de amar a la precisión: porque las matemáticas no mentían, y eso me daba seguridad. Además de seguridad, vi que podían darme creatividad, por abrir más perspectivas para mirar al mundo. Con ellas, se podía jugar. Dar vuelta las cosas. Expandir la mirada.

Algo que hacía - y que todavía hago - era ordenar la plata en unidades específicas, usando como moneda de cambio Coca Colas Lights, o CDs para grabar, o cualquier cosa que comprara frecuentemente. Al ser un valor que entendía bien, también entendía cómo una Coca Cola Light de 1.5 litros (considerando que valiera 800 pesos) significaba casi 8 viajes en transporte público con mi pase escolar, o cómo esa chaqueta nueva significaba 30 de esas Coca Colas. Muy, muy gráfico. Sé que mucha gente hace lo mismo con paquetes de cigarro. Como se ve, no soy la única que ama a las matemáticas.

Y es que con ellas, no sólo se puede descifrar el asunto monetario, sino que cualquier otro... fechas, kilómetros, edificios, incluso estadística: todos son lugares amistosos a los que entrar. Con ellas se puede tallar cualquier cosa que a uno se le ocurra, usándolas como esa veraz y poderosa herramienta que es. Da luz a otros matices y además es indiscutible.

Todo esto, además de revelador, siempre me ha resultado placentero. Me ha causado gracia. Me ha causado tanta gracia que invertí en varios cumpleaños pedir de regalo una calculadora de esas power, para hacer más rápido los procesos, y digo varios años, porque con tanto uso no me duraban demasiado y como esto pasaba tenía que cubrir el reemplazo. Esos cumpleaños incluyeron a algunos muy adolescentes que debieron haberme dotado de chapitas de colores, ropa a la moda del último grito, pósters del galán de la teleserie, o cualquier cosa menos la calculadora: pero, como dije, me causaba gracia y eso era suficiente para mí (además, no exageremos, tampoco era lo único que me llegaba para mis cumpleaños).

Esta pasión hacia las matemáticas a veces me ha abierto ventanas de complicidad arrebatada y compartida, con otros entusiastas, con el gozo evidente de cuando dos personas están viendo lo mismo. En el 2002 fue una de las mejores ocasiones. Estaba con mi amiga Kika, carreteando por la vida, y después de quedarnos pegadas horas en un bar decidimos partir a la ex Eve, a partuzear y a hacerle al dancing como Dios manda. Para cuando llegamos, ya eran las 4 de la mañana, pero entramos de todas formas, sin considerarlo demasiado, porque el entusiasmo aquella noche estaba a cargo de nuestros pies.

Y he ahí que la Kika y yo figurábamos apoyadas sobre esa baranda que mira desde el segundo piso hacia la pista de baile del primero. Estábamos simplemente mirando a la gente, muy tranquilas, y tomándonos todo el tiempo del mundo para bajar a bailar, aunque la música estaba espectacular. Entonces yo, distraídamente, me puse a analizar el asunto en voz alta con ella, diciendo algo así como: "A ver: si cada canción dura, en promedio, unos 3:30 minutos, pero la ponen unos 3 minutos para dejarle sólo la parte más movida... y la hora nos salió... 4 lucas (porque entramos a las 4 y cerraban a las 5, y eso valía la entrada)... emm... cada canción nos sale... ¡¡200 pesos!!

"¡¡Kika, vamos a bailar, que nos está saliendo 200 pesos la canción!!" (imagínese esto vociferado, y con cara de fingido terror).

Mi amiga, luego de dedicarme una mirada horrorizada (no por el precio de las canciones, sino que por escuchar un análisis como ése en medio de una fiesta), soltó la carcajada - a ella también le gustan las matemáticas - , con los ojos redondos exclamó "¡¡es cierto!!", y partimos sopladas como dos rayos al dancing.


Pd: Quise usar para ilustrar alguna foto del Mago de las Matemáticas de la película "The Phantom Tollbooth", pero no lo encontré en ninguna parte. Dicho sea de paso, ¡recomiendo esa película! Aunque tiene por lo menos 50 años y es difícil de conseguir.

viernes, mayo 30, 2008

Dos momentos inolvidables

1994. Mi hermano Pablo tiene 5 años, y pasa por una etapa de fanatismo desmedido por películas gringas de acción. Un buen día se aparece en solemne comida familiar, y anuncia, con un tono aún más solemne: "A partir de hoy, quiero que me llamen Johnny".

¡¡Oh, Dios!!

En el mismo año, Pablo apestado por alguna imposición y anunciando, esta vez, que se iba de la casa: risas de todos, y su indignado desalojamiento del living. Un rato después, al acordarnos de él y no verlo en ninguna parte, mis papás salen a la calle a buscarlo. Entonces, lo encuentran caminando, ya un par de cuadras más allá, llevando en una mochila: una polera, un calzoncillo limpio y ¡su mono de peluche!

De las cosas más determinadas y exquisitas que he visto jamás.